Martes, Junio 18, 2024
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Rubén Silva: “Escribo libros para responder ciertas preguntas, las que yo me hacía de niño”

“Ahora es más difícil generar lectores”, señala el destacado escritor de literatura infantil y juvenil.

En el marco del Festilec: Festival de Libros y Artes, tuvimos la oportunidad de dialogar con Ruben Silva Pretel, escritor, traductor y editor con más de 20 años de experiencia. Silva se ha desempeñado como docente y tallerista en escuelas, universidades y conferencias. Es autor de varios libros para niños, entre los que destacan Peku vino en una caja y Los miedos de Joaquín. En la presente entrevista, el escritor nos comparte sus reflexiones en torno a la literatura infantil y su apasionante trayectoria como escritor.

Nacido en Bellavista-Callao (1970), Rubén Silva recibió su formación escolar en colegios nacionales, más tarde estudiaría Lingüística y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Tras su experiencia como docente en colegios y universidades, se uniría al equipo de Diario Expreso, donde conocería a una editora del Grupo Editorial Norma. A partir de ese encuentro, comenzó su trayectoria como editor, una labor que ha llevado a cabo durante los últimos 24 años. Desde entonces, su vida se ha centrado en la lectura de libros y en brindar apoyo a los escritores para publicar sus obras.

“En medio de esa tarea, a los 40 años, después de tanto trabajar con los autores para mejorar sus textos, me animé a escribir mi primer libro. Lo publicó Editorial Norma y se tituló Los miedos de Joaquín.  Se publicó en Perú, México y Puerto Rico”.

A la fecha, Silva se ha desempeñado como coordinador y director editorial en Santillana, Norma, Carvajal S.A. y SM Perú. Ha publicado más de 10 de títulos, entre los cuales se encuentran los libros infantiles y juveniles Una amiga de verdad, Luna en el parque y otros juegos, Aurelio, Rafa no te duermas, Cuatro amigos y un huevo, etc. Así como el poemario El mar es un olvido (Paracaídas Editores) “una sutil indagación que desvela una profunda cavilación sobre la poesía y la vida”, apunta una reseña del portal El Montonero.

“Soy editor, narrador, dos premios dicen que soy poeta, pero sobre todo soy un lector apasionado”, dice Silva en sus redes sociales.

Otro de los trabajos destacados del autor, incluye la traducción de las Obras Esenciales de Guillaume Apollinaire, publicada en dos volúmenes por el Fondo Editorial de la Pontífice Universidad Católica del Perú. Este trabajo “reúne la obra más importante de Apollinaire, escrita entre 1914 y 1918, en una edición bilingüe que se traduce por vez primera al castellano”.

Durante la presente entrevista, exploramos con Silva diversas temáticas relacionadas a la literatura infantil, incluyendo sus motivaciones personales por este género y los desafíos de escribir para un público joven. Además, discutimos aspectos de la creación literaria y narrativa, así como el papel de los estímulos y las ilustraciones en este contexto. También abordamos el papel del arte, el placer de la lectura, los proyectos futuros del escritor y su participación en Festilec.

¿Qué lo motiva a escribir literatura infantil?

Yo no pensé que iba a escribir literatura infantil. Yo no leí muchos libros de literatura infantil cuando era niño, sino ya de adulto. El tema es que yo empecé a escribir un libro y tenía como protagonista a un niño, brotaron las preocupaciones infantiles y ahora [mirando hacia el pasado], me doy cuenta que escribo libros para responder ciertas preguntas. Las preguntas que me hacía de niño, sobre cosas que no podía entender, que no tenían sentido. El día que me haya respondido todas esas preguntas, dejaré de escribir para las infancias.

¿Cuáles son los mayores desafíos que ha enfrentado al momento de escribir este tipo de literatura y cómo los aborda?

El mayor desafío, es escribir algo que en verdad le interese al lector juvenil e infantil, porque es un lector que actualmente tiene demasiados estímulos: el internet, TikTok, Instagram. Cuando yo era niño no tenía tantos y leer era más bien la diversión. Entonces ¿cómo conectas con este lector que tiene tantos estímulos? Pues, lo que yo he hecho es ver si lo que yo escribo me gusta a mí, porque si no me gusta yo creo que no le va a gustar a nadie.

¿Qué dificultades entraña escribir para niños? La mayor dificultad es que tienes que ponerte a la altura de lo que los niños miran. Mirar como un miope. Mirar la realidad con ojos nuevos, con ojos que se asombran. Eso es lo más difícil para un adulto, que no se asombra casi por nada.

Tres títulos de Rubén Silva.

Yo recuerdo que [Mario] Vargas Llosa luego de publicar su libro Pochito… y no recuerdo qué más. Dijo que se había percatado que era más complicado escribir para niños, que para adultos, ya que según él, se tiene que pensar como un niño. ¿Qué opina usted acerca de esto?

El libro se llama Fonchito y la Luna

Sí ese.

Es una adaptación, un pastiche de una crónica. Una crónica bonita, pero el libro [de Mario] a mí no me gusta mucho, aunque Vargas Llosa me parezca extraordinario, es más, lo amé cuando era un jovenzuelo de catorce años, cuando leí La ciudad y los perros.

Siempre escribir es ponerse una máscara, no sé si recuerdas a Fernando Pessoa —este poeta Lisboeta— que era uno y muchos a la vez. Se ponía una y muchas máscaras para escribir. Pessoa en portugués significa ‘persona’ y persona del latín quiere decir máscara, él había creado personas que escribían con un estilo y que tenían biografía, entonces, escribir siempre es ponerse una máscara.  A veces esta es muy parecida a nuestra propia cara y otras veces no, porque puedes escribir desde una voz narrativa que no es la tuya. Normalmente las voces narrativas que los escritores crean no es la suya propia. No se puede confundir autor con narrador, [este último] es una invención del escritor para que la historia salga a partir del narrador.

¿Usted considera que los libros para niños deben ser enteramente educativos o en mayor medida divertidos? En todo caso, cómo encontrar un equilibrio entre estos dos objetivos, cómo equilibrar la necesidad de entretener y la responsabilidad de educar.

La responsabilidad de educar está en los padres y maestros. El arte tiene una función de subversión, el arte te hace mirar las cosas con ojos nuevos, con una perspectiva distinta, desautomatizada y el arte es arte, ya sea que lo consuman los niños o adultos.

Lo que sucede con la literatura dirigida a los niños es lo que mencionas. El libro infantil nació ligado a la escuela. El primer libro [de esta categoría] que podemos ubicar se llama Orbis Sensualium Pictus [de Amos Comenio publicado en 1658], que es un manualito para aprender latín. Un hermoso manual que usa imágenes, porque Comenio decía que los niños aprenden mirando. Entonces, al estar ligado a la escuela es muy difícil quitar la idea de que tiene que ser educativo. Yo no creo [que lo sea], creo que el arte es arte, y puede ser divertido o educativo, pero todo gran arte va a cargar valores.

El lenguaje transporta ideas y no pertenece solo a los individuos. Uno cuando habla trae consigo el lenguaje de sus abuelos, padres y su comunidad. Se encuentran fragmentos del lenguaje de otros. Entonces al estar cargado de todo ello, ni siquiera el escritor sabe lo que está vehiculizando con sus palabras. Yo creo que el equilibrio está en ser honesto con lo que uno hace. Si educa o divierte, que bueno ¿no? Si uno lee Pinocho, está lleno de travesuras y maldades que le hacen [al protagonista] y él también es un malcriado, sin embargo, es un libro que divierte a los niños, que los asusta y consuela. Un libro debe ser eso, algo que te entretenga y te llene de sentido.

Dos libros infantiles del autor.

¿Pero cree que en esta época las letras sean suficiente para llamar la atención de los niños? Para captar su atención y estimularlo, ya que por un lado está la tecnología y también el tema de lo visual. Creo que es una de las razones por las que muchos libros para niños van acompañados de ilustraciones.

El tema con los estímulos es bastante complicado, ahora es más difícil generar lectores. La formación de un lector siempre es un misterio, pero ese misterio tiene una constante. Siempre hay un acto de amor. Si yo relaciono la lectura temprana como un acto amoroso, pues tendré una relación buena con el acto de leer, si mi papá y mi mamá me sentaban en su regazo y me leían, voy a relacionar el acto de leer con este acto de amor, si un bibliotecario me prestó su libro o un maestro me recomendó uno, tendré una relación afectiva con la lectura.

Hay que dejar libros como quien deja chocolates o caramelos. De ahí aparece la mediación de lectura: personas que tienden puentes entre un libro y un lector, porque hay tantas distracciones y tantos libros que se publican. Entonces, la labor del mediador es crucial. Los mediadores pueden ser maestros, un pariente, un bibliotecario, cualquiera que tenga la generosidad de compartir una lectura.

Claro. ¿Pero considera que las ilustraciones en esta época son obligatorias para los libros de literatura infantil? ¿Y a propósito de esto, qué papel han jugado los ilustradores en la producción de su obra?

Mira, yo sigo comprando libros ilustrados. Tengo unas ediciones de los Cuentos de los Hermanos Grimm y La Ilíada, ilustrados. A mí me gustan, como adulto, los libros ilustrados, pero de niño también he leído libros sin ilustraciones. Leí los Cuentos Populares Rusos, que me regaló mi papá cuando tenía siete años y la única ilustración que tenía era la viñeta inicial de cada cuento.

En los libros álbum, las ilustraciones son parte del sentido y la lectura. Sin ellas, el libro dejaría de ser lo que es. La ilustración nació como complemento al texto —para reforzar el sentido— en un contexto en el que la alfabetización era escasa, las imágenes ayudaban a las personas analfabetas.

Hay un tipo de textos, llamados Literatura de Cordel que se publicaron casi junto con la imprenta. ¿Qué era la Literatura de Cordel? Eran como los quioscos de periódicos, se tendía un cordel, se colgaba un papel doblado en cuatro y estas hojas tenían noticias, ilustraciones, breves textos, poemas, etc. Entonces, las ilustraciones surgieron como acompañamiento para que se entendieran mejor los textos. Para los que no leen, son un complemento necesario para facilitar la lectura. En los libros álbum, es imprescindible.  

En mi obra he tenido amigos que han ilustrado maravillosamente mis libros, como en Los amigos de Joaquín, que ilustró Carmen García, Una amiga de verdad que ilustró Christian Ayuni y la edición ecuatoriana fue ilustrada por un famoso artista ecuatoriano, Roger Ycaza.

Rubén Silva.

Según un artículo [titulado “Rubén Silva: letras sin inocencia”] que publicó la Agencia de Noticias Andina, usted señala que no hay que subestimar a los niños, que estos “responden a los mismos temas que un adulto”. Creo que es un tema controversial, [sobre todo] para algunas personas que sobreprotegen a los niños o en algunos casos, censuran. Entonces, ¿cómo el público y los escritores pueden aproximarse a temas adultos en la literatura infantil? Temas que algunos padres o educadores pueden considerar inapropiados u ofensivos.

Primero, la responsabilidad de la crianza y de lo que [los niños] leen y consumen, es de los padres. Cuando un padre no quiere leer cierto tipo de textos, está en su absoluto derecho. En la familia no se puede hablar de censura, es simplemente el hecho de que los padres eligen qué deben leer sus hijos. ¿Se están perdiendo cosas? Pues, sí. ¿Qué el niño puede ver cosas más complejas e impertinentes por otros medios? Pues, sí. ¿Los padres se están perdiendo la oportunidad de discutir ciertos temas con sus hijos? Pues, también. Pero, están en su derecho.

Creo que un padre no puede leer un tema que no pueda manejar. Si a mí me conmueve demasiado cierto tema, no puedo leer sobre eso a mis hijos. Si el tema de la guerra me quita sosiego, mejor no lo leo. La lectura siempre tiene que ser con temas que uno pueda manejar y dialogar.

Mi primer libro, Los miedos de Joaquín, tiene un tema controversial. Sobre el maltrato y abuso infantil. El final es terrible, hay una muerte y es curioso porque algunos adultos no se dan cuenta lo terrible que es, en cambio, los niños cuando lo leen me dicen: ¿Y por qué hace eso la niña? ¿Por qué se la llevan? Ellos entienden el sentido final de lo que yo quise escribir, porque los niños no son tontos, simplemente tienen algunas competencias culturales y lingüísticas diferentes a nosotros.

No hablamos de temas como la muerte y en sociedades como la nuestra la abordamos con asepsia. A los niños, no les damos la oportunidad de hablar sobre eso, de contarnos que están tristes sobre la muerte, que van a extrañar a su abuelo, que les duele. Nos perdemos una oportunidad grande de discutir esos temas con los niños y niñas.

Entonces, ¿considera que la literatura infantil debe abordar temas y experiencias difíciles tales como la pérdida, el miedo y los traumas? ¿También controversiales? Yo le mencionaba lo anterior porque hay algunas personas que dicen que ciertas editoriales promueven ideologías a través de los libros infantiles, sobre todo cuando se aborda temas en relación al género y la orientación sexual, pero también con otros temas como la etnia, capacidad e incapacidad, etc.

El tema con la literatura, es que no sirve para nada práctico. Si tu comienzas a usar la literatura para hablar de la migración, la equidad étnica o los papeles de género, sin honestidad, como panfleto y como ideología, pues le estás quitando el papel de arte. La literatura infantil, es ante todo literatura. Tiene una característica especial y además, le gusta a los niños. Yo no creo que la literatura deba ocuparse de esos temas, si el escritor se preocupa por el asunto racial y escribe desde el dolor, compasión y experiencia, no creo que tenga por qué [hacerlo]. No creo en el arte comprometido, más que con la propia ética del escritor.

6 libros infantiles y juveniles recomendados por Rubén Silva:

- Donde Viven los Monstruos de Maurice Sendak.
- Cuentos populares rusos de Alexandr N. Afanasiev.
- Platero y yo de Juan Ramón Jiménez.
- Sangre de tinta de Cornelia Funke.
- La materia oscura, trilogía de Philip Pullman.
- Cuentos de Terramar de Ursula K. Le Guin.

¿Cómo los lectores podemos determinar que libros de literatura infantil y juvenil son de calidad? Me refiero a aquellos libros que tengan el lenguaje adecuado y la didáctica oportuna para que logren cautivar a los menores de edad. Como usted anteriormente ha mencionado, existen muchísimos libros de literatura infantil publicados por editoriales independientes, grandes editoriales, el Estado, concursos, etc. ¿Cómo discernir entre toda esta avalancha de publicaciones?

La didáctica, como dije, no importa. Para mí, no tiene ningún papel en el arte. Con este alud de producción, lo primero que debemos hacer —como mediador de lectura o adulto que da de leer— es leer los libros. A veces, censuramos unos libros leyendo solo una parte. ¡Léete todo el libro! Para ver la función real de lo que dijo tal personaje o si te conmueve.

Lo primero que hay que hacer es leerse los libros antes de recomendarlos. No puedes guiarte del catálogo o una cita de alguien, si no te lo lees tú mismo no tienes derecho a opinar. Lo segundo, es que hay que conocer cuáles son las tendencias del arte moderno. Para poder juzgar un cuadro, tengo que conocer las tendencias del arte. Para juzgar un libro de literatura, tengo que saber cuáles son las tendencias de la literatura infantil contemporánea.

Tercero, tienes que ver la vocación artística del autor. Hacerte preguntas. ¿El autor trabaja las palabras? ¿Se preocupa porque su texto sea artístico? ¿Cuál es el objetivo de este autor? ¿Me está vendiendo una idea? ¿O está profundizando en una experiencia humana y pretende hacerla universal? Si solo me está vendiendo un panfleto y a lo mejor ese panfleto va de acuerdo con mis ideas y digo: «¡Que chévere! ¡Bravo! ¡El hombre es la cabeza de la familia!». Hay libros así. Libros que te venden una idea.

Hay un libro que no me gusta, se llama Rey y Rey [de Linda de Haan y Stern Nijland] que trata de un príncipe que debe casarse y no lo consigue. Sus padres, que están preocupados, hacen una fiesta para que vengan las princesas de todo el mundo. Desfilan y el príncipe está inconforme: «esta no usa lentes», «no, tiene la nariz muy larga», «esta otra, muy alta», etc. Hasta que aparece una princesa y el príncipe queda prendado del hermano de ella. Se hace una fiesta, se casan y son Rey y Rey. Por ejemplo, este libro utilizando estereotipos nos quiere vender una idea de equidad.

Para culminar, puede comentarnos un poco sobre su participación en Festilec. ¿En qué actividades participará?

Voy a presentar mi reciente libro que titula El otro en el espejo, que trata sobre el enigma —que siempre es el espejo— para aquel que se mira y no se reconoce. Presentaré ese libro y realizaré talleres sobre el libro álbum, acerca de qué es la literatura infantil y poder tratar esos temas que tú también has abordado aquí…

Portada de “El otro en el espejo”.

Hay talleres para docentes, tengo entendido…

Si, para los docentes. También dictaré otro taller de creación de cuentos para niños y un taller de creación de poesía también para niños. Porque a eso me he estado dedicando desde hace mucho e incluso tengo alumnos que son ahora escritores de literatura infantil. [Los talleres] han funcionado bien y quiero llevar parte de estos a Arequipa.

Por último. ¿Qué proyectos literarios tiene en curso o futuros a emprender?

Ahora tengo una novela sobre un tema complicado, de una niña que tiene cáncer. Ha dejado un partido de fútbol a medias y su objetivo es retomar ese partido. Se enferma y en el relato iremos enterándonos de qué le pasa. Cómo tiene que cargar con las preocupaciones de los adultos, así como el sufrimiento de la propia enfermedad. Veremos cómo termina esa novela.

Por Rivaldo Vásquez.

Fuente: Entre Líneas Cultura.

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