En el video hay un monolito, hecho de adobes apilados verticalmente, sobre el que proyectan un juego de luces y sombras, fantasmas que bailan sobre una base musical incisiva, oscura y trepidante de zampoñas, charangos y sonidos electrónicos: el fondo visual/sonoro crea el clima perfecto para la prédica e invocación del Apu Kon Tiqsi Wiracocha, dios Wari/Tiahuanaco que expande su influencia desde la sierra sur al resto de los andes. La noche es fría y oscura, y las pléyades brillan fulgurantes en el extremo sur del firmamento.
Es un momento especial, estamos en Wari Willka (Huancayo), un centro ceremonial o atalaya del futuro, donde desde tiempos inmemoriales florece el intercambio de saberes y culturas, desde aquí los Wankas esparcieron su semilla al mundo, un lugar religioso, mágico y panandino. Desde hace 1200 años, los antiguos peruanos observaron las estrellas y la dimensión de su complejidad, si la Vía Láctea tuvo un inicio, esta pacarina pudo ser el símbolo perfecto desde donde fluyó lactoso su expansión mágica y ritual. Se abre el portal, inicia “Portal Mullu”, nombre del acto performativo que realiza El Alto Aesthetics, colectivo artístico multidisciplinario boliviano, encargado de abrir este portal mágico de los dioses del Tawantinsuyu e iniciar el AJAYU WATAN: FUTURISMO ANDINO 2026, festival de música y poesía que se realizó el 27 de junio en Wari Willka, en el marco de las festividades del solsticio de invierno, el Inti Raymi, el año nuevo andino.
Suena a todo volumen DJ Achachi con su mix lisérgico, mientras el monolito del “Portal Mullu” se abre en su esplendor con fuego y plegarias que rezan K’ita Wichhu y Fher Masi, integrantes de El Alto Aesthetics, quienes, a su turno, van invocando al dios Wiracocha, jurando venganza anticolonial, repeliendo el lenguaje occidentalizado y evocando un espíritu colectivo donde los Apus, los Mallquis, comulgan con la ancestralidad que dibujan las venas y raíces de los asistentes y protagonistas de este festival, quienes brindan con chicha de jora que vaso a vaso comparten felices, electrónicos y andinos.
Es el inicio del solsticio de invierno, donde las noches son más largas y la fiesta ritual andina se inicia con este portal que conecta el tiempo de otro tiempo. En Dioses y hombres de Huarochirí, donde se recogen las crónicas míticas sobre los dioses prehispánicos, se dice que estos comían mullu (una concha marítima sagrada) o que era ofrendado por los hombres para asegurar su paso sagrado al mundo divino, un lugar en el que el tiempo no es occidentalmente cronológico ni su episteme importa. El mullu es ese alimento mágico, ritual, la concha tiene forma de corazón y en los mitos se señala que aquel lugar es el lugar de las predicciones, de la videncia. Así se inicia este evento, abriendo este portal divino para el encuentro de nuevas sensibilidades, andinas y futuristas.

Ajayu Watan es un festival multidisciplinario de futurismo andino, iniciado en 2024 por el colectivo huancaíno Lxs Demonixs del Ande, que busca promover el encuentro entre artes y tecnologías contemporáneas que sirvan como herramientas para imaginar futuros desde los Andes, a partir de la capacidad transformadora del alma andina que no muere.
Está propuesta hace referencia al «Ajayu Watan» (alma amarrada), una categoría andina que explica la permanencia de nuestras culturas en el tiempo, de sus saberes que influyen en la sensibilidad artística y política de estos neo andinos venidos de distintos rincones del país: desde la República Independiente de Arequipa, participó Technopoetryk, dúo integrado por Esteban Couto y Alejandro Zea, poemas como manifiestos sonoros, ruidistas y viscerales; de la grisura estelar de La Oroya estuvo Qallari, banda que fusiona ritmos de la sierra central como la tunantada con la electrónica más synth, integrado por los hermanos Chávez Reyna en colaboración con Wicho Vértigo en el charango; desde los páramos de Ica, Planeta Barriochino, presentó un set influenciado por la poesía oral y la psicodelia electrónica, integrado por The New Pachakuti, el Pallar Negro y Hatun Sunqu, estos iqueños estuvieron acompañados por los visuales de Chirapa, artista multidisciplinaria que ha desarrollado una práctica artística profundamente enraizada en las tradiciones andinas que denomina neoandinx; y como locales, estuvieron los wankas de Pareidolia Espectral, integrado por Michael Magan y Daniel Laureano, quienes presentaron un trabajo experimental alucinado que vincula procesamiento de imágenes y sonidos en tiempo real, logrando un efecto novedoso trasversal y psicodélico; y por supuesto, el colectivo de poesía electrónica Lxs Demonixs del Ande, integrado por Pumita Andino Cazador, Alejandrx Quinto y Mikaela Yurivilca, acompañados por el músico multiinstrumentalista Amaru y Alan Poma, artista y músico electrónico, ellos presentaron un potente set performático musical con tintes mesiánicos y andinos.
La arquitecta de este evento es Gretel Vicuña, responsable del concepto creativo y del logo de este ritual, de darle una dinámica y visualidad especialmente importante.
El festival de música y poesía tuvo, además, eventos alternativos como la exhibición de arte en el Centro Cultural de la Universidad Continental, donde expusieron Marinia Wamani con Mutación 01, una instalación que incluía unos ensambles de tela y reinterpretaciones barrocas de bordados, tejidos e impresión digital como medios de reflexión sobre las mutaciones identitarias andinas contemporáneas; Chirapa presentó Feedback, una experiencia audiovisual e inmersiva que explora la relación entre identidad, tecnología y memoria ancestral; Irene Bendezú expuso Portal Cosmogónico, una escultura que funciona como una instalación urbana creando vínculos entre pasado y futuro a través de la fuerza del color. Estas artistas ayacuchanas participaron de un interesante conversatorio después del cierre de la exhibición, generando sano y justo debate crítico.
Así también se realizó la exhibición de Almacunapacc, de Alejandrx Quinto, un cortometraje inmersivo en 360° que es un responso, un Aya Taki en forma de video inmersivo dedicado a todas aquellas almas que sufrieron el horror colonial de la mita minera bajo el yugo español en la Mina Santa Bárbara de Huancavelica, de donde nació su autora, este vídeo fue presentado posteriormente como instalación junto a Jesús Meza, director de cine y animador del futurismo andino. Estas obras forman parte del Laboratorio de desarrollo de proyectos con nuevos medios sobre territorio y memoria Pumpumyachkan 2025, explorando nuevas formas de pensar el territorio, la memoria y los futuros desde los Andes, donde pudimos ver los trabajos del grupo VRWASI, así también se pudo exhibir Códice Futuro, de Elder Manuel Tobar (Colombia).
Todos estos eventos, incluyendo la participación inaugural de los ritos iniciales de fuego a cargo de Chirapac Warmi y Kallpa Ayllu se realizaron en simultáneo al festival, mostrando la variedad y vitalidad de las propuestas artísticas desde 3150 m.s.n.m., en el bello valle del Mantaro, proponiendo creación, debate y crítica desde los andes y volviendo hacia él, generando ideas, respuesta y comunidad.

Dentro del debate en torno al futurismo andino, encuentro que la propuesta del Ajayu Watan 2026 es una respuesta creativa, artística, tecnológica y colectiva, que provoca automáticamente preguntas como ¿qué estoy viendo?, ¿qué me conecta con esta tierra a través de un QR?, ¿cómo así los saberes andinos se actualizan con las tecnologías más contemporáneas?, ¿viajar en el tiempo?, ¿es la poesía el lenguaje más acertado para expresar mejor el lugar del futuro desde los andes?, ¿cuál es el futurismo andino que me interesa?, ¿quiénes son estos andinos, inmigrantes o hijos de inmigrantes que hablan a través de una voz, entre mesiánica y épica, que parece una propuesta radical porque vuelve sobre sus raíces?, ¿a qué dioses le hablan?, ¿qué nuevos tiempos vienen? Estos hijos, herederos de Alberto Mostajo o de Gamaliel Churata, están pensando creativamente estas preguntas, proponiendo un evento como una declaración de principios artísticos.
Todo arte viene del pueblo y va hacia él. Desde otro lado, hay quienes critican al futurismo andino porque se vende como “ciencia ficción andina”* restándole seriedad (sic), hay quienes piensan que el término “futurismo” le suma una occidentalidad que no necesita y por lo tanto lo despoja de sus raíces históricas que son de violencia y apropiación, otros creen que es una forma de romantización del indio quitándole historia y valor cultural, otros acusan de blanqueamiento y apropiación cultural restándole autonomía a los voceros “originales”. Creo que el debate en torno al futurismo andino pasa por un buen momento, desde la exposición “Vanguardia del Sur” en la Casa de la Literatura y los debates que surgieron en sus auditorios hasta los conversatorios en El Alto, Bolivia, pasando por el encuentro de churatólogos en Arequipa o el “Congreso Internacional 1926: Heredar el Estallido” en Puno. Es un buen síntoma la vitalidad de los debates y las discusiones que ahí se producen, un encuentro que enriquece.
Pienso que si yo fuera un hijo de Orkopata, aquel boletín vanguardista andino, si fuera un hijo de su doctrina, de su pedagogía, estarían orgulloso de mí en tanto genere y actualice, desde las nuevas tecnologías, los saberes ancestrales, como escribe Gamaliel Churata en “La revolución por la técnica” (1952): “Técnica es más que la sistematización de los medio con que realizan determinados trabajos. (…) Para esto el hombre debe ser un trabajador preparado, y preparado técnicamente; debe poseer conocimientos seguros y científicos de su tarea”, se trata pues de que el nuevo hombre andino, de cara al futuro, debe dominar las herramientas de su tiempo y territorio, en una época de crisis y violencia, de transformaciones tecnológicas, de inteligencia artificial, y su misión artística sea anunciar un nuevo lenguaje, poético, transmedial, que asocia al delirio de una poesía no para “poetizar” la realidad sino para transformarla radicalmente.
La imagen del futuro es la del despertar de un nuevo nombre andino, libre e incómodo, que extrae su fuerza de sus raíces indígenas, de su historia de lucha y sus prácticas ancestrales, y su horizonte son todos los pueblos de América Latina, marginados y precarizados, en una lucha común por el territorio y su emancipación cognitiva.
LA NUEVA ACTITUD
por fin nos ha conquistado el
verticalismo de los andes
no más indios tristones
el pututo clamorea sus aires
marciales
la kena la noche y la luna—
el decorado del huero poema
indigensta—pasaron a la guardarropia
el sol emerge en el Titikaka
ya todo es verdad
APAGUEN LAS CANDILEJAS
Luis E. Valcárcel (1927)
Reseña crónica del Ajayu Watan Futurismo Andino 2026
Por: Juan Choqne

