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La apuesta de los libreros arequipeños por mantener viva la lectura

Competencia digital, bajos márgenes de ganancia y cambios en los hábitos de consumo forman parte de la realidad que enfrentan libreros y editoriales independientes que continúan apostando por los libros en Arequipa.

Aunque las pantallas ocupan cada vez más espacio en la vida cotidiana, los libros continúan encontrando lectores en Arequipa. Detrás de cada ejemplar vendido existe el trabajo de libreros y editores que, entre desafíos económicos, competencia digital y cambios en los hábitos de consumo, buscan mantener vigente el vínculo entre las personas y la lectura.

Tras la pandemia, muchas personas volvieron a buscar un contacto directo con los libros. Aunque las ventas por internet crecieron y surgieron nuevas alternativas digitales, la experiencia de hojear una obra sigue teniendo un valor especial para los lectores. “Nunca se pierde la magia. No es lo mismo ver un libro por una foto que tenerlo en las manos”, señala Alonso Lázaro desde la editorial Trilobites.

Los cambios en los hábitos de consumo también han modificado las preferencias del público. Actualmente, géneros como la literatura clásica, la ficción juvenil, el romance y los libros de desarrollo personal figuran entre los más solicitados. Incluso, algunos libreros han observado un renovado interés por la poesía y los poemarios. Sin embargo, persiste un desafío importante. Para la joven librería Vendibros, con apenas un año de trayectoria, “el desafío más grande es que la gente ya no le presta tanto interés a leer como antes”, una situación que atribuyen a los cambios en las formas de consumo impulsados por la tecnología.

Mantener una librería o una editorial independiente también representa un reto constante. La competencia con grandes plataformas internacionales, los costos de producción y la disminución del hábito lector aparecen entre las principales dificultades. Desde la editorial Liwru Cuyay explican que gran parte de los lectores suele inclinarse por títulos promocionados en redes sociales o vinculados a producciones audiovisuales de moda, mientras que las propuestas de autores y editoriales nacionales reciben menor atención. A pesar de ello, continúan apostando por obras inspiradas en la cultura peruana, mitos, leyendas y relatos vinculados a distintas regiones del país.

“Son muy pocos los lectores que buscan algo nuevo o que valoran las editoriales nacionales”, comentan. Gran parte del catálogo de Liwru Cuyay apuesta por autores peruanos, así como obras vinculadas a la identidad cultural del país. En palabras de sus representantes, se trata de una apuesta arriesgada en un contexto donde las producciones nacionales aún enfrentan dificultades para ganar visibilidad.

La situación resulta aún más compleja para quienes producen libros de manera independiente. Publicar una obra de calidad puede tomar entre ocho meses y tres años de trabajo, además de requerir una inversión significativa en corrección, diseño, ilustración e impresión. En muchos casos, las ganancias obtenidas no compensan el esfuerzo realizado.

“Si seguimos en este mundo editorial es porque amamos los libros y creemos que la cultura puede cambiar al país”, afirman desde Liwru Cuyay.

No obstante, más allá de los desafíos, los libreros coinciden en un aspecto: Arequipa conserva una comunidad lectora activa. Desde Maxibook, empresa dedicada a la distribución de libros en distintas regiones del país, sostienen que la ciudad se mantiene como uno de los principales mercados lectores del Perú. “Después de Lima, Arequipa sigue siendo una de las ciudades donde más se compran libros”, señalan.

Pese a las dificultades, quienes forman parte de este sector aseguran que continúan trabajando porque creen en el valor de la lectura y en el papel que cumplen los libros dentro de la sociedad. Aunque cada librería y editorial enfrenta desafíos particulares, todas coinciden en una idea: el hábito lector persiste gracias al compromiso de quienes siguen apostando por los libros como una herramienta de aprendizaje, imaginación y encuentro cultural.

Por: Hibria Mendoza.

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