Durante mucho tiempo, emprender se asoció con empezar temprano: tener una idea joven, acceder a incubadoras universitarias y construir un negocio desde los primeros años de vida laboral, pero ese modelo empieza a mostrar cambios.
En el Perú, más de 5,5 millones de personas mayores de 50 años forman parte de la Población Económicamente Activa (PEA) y alrededor de 5,3 millones se encuentran ocupadas. De ese grupo, aproximadamente el 51% desarrolla actividades vinculadas al emprendimiento o autoempleo, convirtiéndose en una de las principales formas de participación económica para este segmento de la población.
Esto ocurre mientras el país atraviesa un proceso progresivo de envejecimiento demográfico y una reducción sostenida de la natalidad.
Más allá de premiar ideas
Mónica Reyes, directora de Premios +50 Emprende Perú, explicó que el objetivo no es únicamente incentivar a que más personas mayores de 50 años emprendan, sino acompañarlas en el proceso y profesionalizar sus iniciativas. La propuesta busca trasladar al emprendimiento senior una lógica que suele asociarse a incubadoras universitarias o programas dirigidos a públicos jóvenes donde también se ofrece acompañamiento, capacitación y fortalecimiento del proyecto más allá de la etapa inicial.
Para Reyes, existe una oportunidad todavía poco aprovechada en este grupo etario. Lejos de entender la edad como una limitación, sostiene que muchas personas mayores cuentan con conocimientos acumulados, experiencia profesional y capacidad de adaptación a nuevas herramientas y tecnologías.
“Todavía tienen mucho por dar”, señaló.

Desde esa mirada, emprender deja de entenderse únicamente como una decisión individual y pasa a verse también como una apuesta con impacto social y económico, una forma de transformar experiencia en nuevas oportunidades para las familias y para el país. La expansión del programa fuera de Lima responde precisamente a esa idea. Tras una primera jornada realizada en Cajamarca, Arequipa se incorporó como una nueva sede para fortalecer proyectos y ampliar la participación de emprendedores senior en distintas regiones.
Incubar experiencia, no empezar desde cero
Para Daniel Diez Canseco Terry, vicepresidente de Emprendimiento de la Corporación Educativa San Ignacio de Loyola y director ejecutivo de la Asociación Pro Bienestar y Desarrollo, el desafío está en acercar oportunidades que históricamente han estado orientadas principalmente a jóvenes. Según explicó, las incubadoras universitarias no solo capacitan, también conectan a emprendedores con programas públicos de financiamiento y capital semilla para desarrollar sus proyectos, abrir ese ecosistema a emprendedores mayores de 50 años.
Detrás de esta visión también aparece una preocupación demográfica. El modelo de Premios +50 Emprende nació en España como respuesta al envejecimiento poblacional y fue adaptado al contexto peruano ante una tendencia similar: menos nacimientos, mayor esperanza de vida y una población que empieza a envejecer.
La idea, sostiene Diez Canseco, no es enseñar desde cero, sino ayudar a convertir años de experiencia laboral en emprendimientos capaces de innovar, competir y sostenerse.

No permitir que el talento se jubile
Karina Rosas Paredes, directora de Innovación y Desarrollo de la Universidad Católica de Santa María, plantea una idea: “No podemos permitir que la sociedad jubile el talento”. Para Rosas, el emprendimiento senior no debe entenderse únicamente como una estrategia económica, sino también como una forma de reconocer el valor de la experiencia profesional acumulada.
En ese sentido las ideas puedan fortalecerse mediante herramientas de comunicación, innovación y acompañamiento técnico. La experiencia no pertenece al pasado, sino que puede convertirse en uno de los activos más sólidos para construir nuevos proyectos, señaló.
Cecilia Barreto y la decisión de continuar
Y entre quienes pasaron por ese proceso aparece la historia de Cecilia Barreto, Peruana y con una trayectoria vinculada a la producción televisiva, Cecilia participó en una edición anterior de Premios +50 Emprende y llegó hasta la etapa final. No ganó, pero el resultado no significó el final del proyecto.
Por el contrario, decidió continuar y convertir años de experiencia profesional en una nueva propuesta: TV Plateada, un canal digital que reúne programas y contenidos protagonizados por personas mayores y que parte de una idea sencilla: «Cada cana tiene una historia».

La iniciativa nació desde aquello que ya conocía. En lugar de empezar desde cero, transformó su experiencia en televisión en un nuevo formato y encontró en el espacio digital una forma distinta de seguir creando.
Emprender después de los 50 no necesariamente significa comenzar otra vez. A veces significa empezar desde todo lo aprendido.

