El pasado 24 de mayo, el Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Cultural de la Nación a la Semana Santa de Cabanaconde, en la provincia de Caylloma. La medida, oficializada mediante la Resolución Viceministerial N.° 146-2026-VMPCIC/MC, reconoce una celebración que trasciende el ámbito religioso y que conserva prácticas de reciprocidad, cooperación comunal y transmisión de saberes heredados de la tradición andina.
A simple vista, la Semana Santa de Cabanaconde podría parecer una festividad católica similar a muchas otras que se realizan en el país. Sin embargo, destaca la permanencia de elementos culturales andinos que continúan articulando la vida comunitaria del distrito.
Entre ellos figura el ayni, principio de ayuda mutua que permite que vecinos, familiares y autoridades colaboren en la organización de las actividades religiosas mediante el intercambio de trabajo, bienes y servicios. Para el Ministerio de Cultura, esta práctica demuestra la continuidad de formas tradicionales de organización social que han logrado mantenerse vigentes a lo largo del tiempo.
La resolución también reconoce la participación de diversos actores locales que cumplen funciones específicas durante la celebración. Entre ellos se encuentran los estantardes, responsables de coordinar gran parte de las actividades festivas con el apoyo de redes familiares y comunales.
A ellos se suman cargadores, huerteros, armadores, tejedoras y dispenseras, quienes contribuyen a la preparación de procesiones, ornamentación y otras labores vinculadas a la festividad. Su participación permite que conocimientos y prácticas tradicionales sean transmitidos de generación en generación.

Salvaguardar el patrimonio vivo
La declaratoria forma parte de las políticas de protección del patrimonio cultural inmaterial impulsadas por el Estado. Más que conservar monumentos u objetos materiales, este tipo de reconocimiento busca preservar prácticas, conocimientos y expresiones que forman parte de la identidad de las comunidades.
En el caso de Cabanaconde, el Ministerio de Cultura considera que la celebración es un ejemplo de cómo las tradiciones religiosas introducidas durante la colonia se entrelazaron con formas de organización andina que aún permanecen vivas en el valle del Colca.
¿Qué implica la declaratoria?
La declaración como Patrimonio Cultural de la Nación no constituye únicamente un reconocimiento simbólico. La resolución establece mecanismos de seguimiento orientados a garantizar la continuidad de la manifestación cultural a lo largo del tiempo.
Entre ellos figura la elaboración de informes periódicos cada cinco años, tarea que deberá realizarse de manera coordinada entre la Dirección Desconcentrada de Cultura de Arequipa y los portadores de la tradición. Estos reportes permitirán evaluar los cambios que experimente la celebración, los posibles riesgos para su continuidad, el estado de conservación de sus prácticas y las necesidades de salvaguardia que puedan surgir.
El objetivo es asegurar que los conocimientos, formas de organización y expresiones culturales asociadas a la Semana Santa de Cabanaconde puedan transmitirse a las futuras generaciones sin perder los elementos que le otorgan singularidad dentro del patrimonio cultural peruano.
De esta manera, la declaratoria no solo reconoce una tradición existente, sino que compromete a las instituciones y a la propia comunidad a participar en su preservación y fortalecimiento.

Un reconocimiento que abre nuevas preguntas
La declaratoria de la Semana Santa de Cabanaconde también plantea una interrogante sobre otras expresiones culturales de Arequipa que continúan preservando prácticas ancestrales, conocimientos colectivos y formas de organización comunitaria.
Festividades religiosas, celebraciones tradicionales y manifestaciones culturales de distintos distritos de Caylloma, así como de otras provincias de la región, forman parte de la identidad local y podrían ser objeto de futuros estudios patrimoniales.
La pregunta que surge es qué otras tradiciones mantienen hoy un valor cultural comparable y qué acciones se están realizando para documentarlas y protegerlas antes de que los procesos de migración, modernización o pérdida de saberes generacionales afecten su continuidad.
Por: Pamela Corahua.

