Uno se desplaza por Nueva York en un taxi que lo aísla, el otro deambula por Lima disfrazado de algo que no es, para que no lo expulsen de la fiesta. Uno es un veterano marcado por Vietnam; el otro, un joven peruano marcado por una frase: “Yo no juego con zambos”. Taxi Driver y Alienación hablan de lo mismo: el intento desesperado de pertenecer y el precio devastador de no lograrlo.
Travis maneja su taxi por una ciudad sucia y violenta, sintiéndose invisible e impotente. Boby López, el protagonista del cuento de Ribeyro, intenta borrar sus rasgos andinos y convertirse en gringo. Se plancha el pelo, se empolva el rostro, memoriza frases de westerns, estudia inglés, se viste como vaquero. Ambos hacen de su cuerpo y su mente un campo de batalla. Pero, aunque se esfuercen, no hay redención. Las ciudades los rechazan con una frialdad quirúrgica.
La alienación, en ambos casos, no es una teoría: es una experiencia diaria y punzante. Travis no entiende los códigos sociales: lleva a una mujer a ver una película porno pensando que es una cita romántica. Boboy cree que los blue jeans, las camisas floreadas y un nombre gringo bastarán para abrirle la puerta del paraíso. Pero la puerta nunca se abre. Y cuando se abre, es solo para empujarlos hacia la violencia o la muerte.
En Taxi Driver, Travis hace justicia con su propia mano y termina siendo celebrado por ello. En Alienación, Boby acaba enrolándose en el ejército estadounidense y muere en la guerra de Corea, buscando la nacionalidad que su país le negó en vida. Uno se vuelve héroe en una sociedad enferma. El otro, cadáver condecorado por una patria prestada.
Ambos están condenados no por lo que hacen, sino por lo que son. No se trata de elecciones, sino de estructuras que los aplastan. Travis es un paria sin lenguaje emocional. Boby es un mestizo que descubre que en Lima los gringos son dioses, y que los dioses no admiten imitadores.
Lo perturbador es lo actual de estas historias. Hoy los Travis y los Boby tienen perfiles en redes sociales, se maquillan con filtros, repiten frases en inglés, siguen cuentas aspiracionales. Pero el vacío permanece. Porque la alienación no se combate con likes. Porque ser aceptado no es lo mismo que ser incluido. Porque, como diría Ribeyro, se puede estar dentro del grupo y seguir desprovisto de sus signos esenciales.
Travis dispara para que alguien lo vea. Boby se borra para que lo acepten. Al final, ninguno logra lo que quería: pertenecer. Quizá la verdadera tragedia no está en que no lo logren, sino en que vivieron convencidos de que tenían que hacerlo.
Redacción por Germain Soto

