
La palabra “huachafo” fue elegida por el poeta Ivan Thays en 2013 como la palabra que mejor representa el Perú en un evento internacional. Este hecho fue arduamente criticado por los peruanos, que, ofendidos, crearon una discusión que solo se apagó como bajándole el volumen poco a poco —cuál canción de los 2000—.
Sin embargo, la palabra huachafo no posee aún una descripción atinada en el diccionario. Ser huachafo, ver algo huachafo, decir que alguien es huachafo es algo que solo entiende quien ha caminado por las calles peruanas y ha visto una cultura que pensaron que era vergonzosa, solo porque no tenía nombre.
Vestir una camiseta de Sonic con una serigrafía incorrecta de colores es huachafo; hablar con jergas en voz alta, riéndose con la casera del mercado, es huachafo. Subirse a una combi con un sticker de Bugs Bunny mafioso es rehuachafo. Las “Malcriadas del Trome” son mujeres huachafas. Las cartas de los menús llenas de colores y tipografías gratis de Word son demasiado huachafas para tomarles una foto y subirlas a Instagram.
¿Pero qué dicen los expertos en moda, las tendencias occidentales y nuestros pseudo-influencers? Ah, es verdad: el minimalismo sigue reinando en las estéticas tiranas y elitistas. Como si Europa no nos hubiera quitado ya demasiado, el minimalismo pretende y acecha a los latinoamericanos, como si el vacío, lo neutro y lo brevemente explicado fueran una virtud.
Creo que después del medio tiempo del Superbowl de Bad Bunny y del auge de músicos latinos, así como la sobreexposición de la —ya bastante quemada— estética cartelística chicha, la apropiación de diseños como bolsas del mercado y patrones shipibos en el alto mundo de la moda, nos queda claro que —en efecto— los latinos estamos en un peak visual y estético.
Algo que no nos deja disfrutar de este peak es que muchas veces esta visibilización ha sido a costa de la apropiación cultural de aquellos que realmente crearon estas estéticas: nosotros, los ciudadanos de a pie (de a combi), nuestras señoras tejedoras del mercado, nuestros artistas visuales de las imprentas de los conos. Es decir, de todo lo que era antes categorizado rápidamente como huachafo.
Parece entonces que quitarle de las manos un producto artístico a una cultura huachafa y colocarlo —sin intervenirlo— en una vitrina cara eleva el arte, lo despoja de la palabra huachafo y lo hace latino/artístico/original.
Pero carajo, no estamos aquí, Mr. Lector, para leer esto y bajar la cabeza asumiendo que ya está hecho. Que otra vez estos “otros” nos ganaron. Estamos aquí, reunidos en esta columna, para reclamar nuestra cultura de vuelta, porque nosotros, los huachafos, somos quienes mejor van a lucir esas prendas recargadas con frases latinas sprayeadas; somos nosotros quienes más auténticos nos vamos a ver posando frente a esa obra de arte que pintaron en un camión. Nosotros tenemos que subir esa foto a Instagram del menú pintado en la pared del barrio. ¡Rápido, antes de que un blanquito lo haga primero y diga que es suyo!
¿Acaso tú —hombre blanco y con maestría en Europa en artes autóctonas— inventaste la estética de los DVDs piratas 6 en 1? ¿Fuiste tú quien pegó ese sticker de Piolín con pistola en la puerta de la combi (ese que dice “¿Qué pasó? ¿No tienes plata, misio?”)? ¿O acaso tú le inventaste el naming a los “jugos tristes” y a los “jugos alegres” que venden en el mercado provinciano del sur? ¿Sabes al menos lo que eso significa?
Yo sí, fue mi gente, mi barrio, mi cono. Nosotros creamos las artes, los visuales de las calles, los chistes, los memes; con lo que teníamos a la mano, porque cuando uno tiene que gritar lo hace con la boca, con las manos, a través de los rotuladores, las mototaxis, las computadoras de las cabinas; uno grita de un extremo a otro de la feria. ¿No es así como debe nacer el arte?

Sobre la Autora:
Vanessa Begazo López (Arequipa, Perú) más conocida como La Perra Negra, es comunicadora social, diseñadora, ilustradora y artista visual. Su trabajo cruza el arte contemporáneo, la ilustración y la video-poesía experimental, con una estética realista-tercermundista e hyper-sensible influenciada por el punk, los videojuegos, el anime y la cultura pop. Ha trabajado como diseñadora para McCann y actualmente forma parte del Estudio Provincia. Se especializa en ilustración para bandas y proyectos musicales, y ha sido ganadora de premios nacionales e internacionales en ilustración. Desarrolla videopoemas y performances presentados en festivales y espacios culturales, destacando su participación en el Hay Festival Arequipa 2025 con la performance Oda a los doteros, oda a nadies. En 2024 fue coautora del libro Ser comunicadora: 20 voces de la comunicación. Su obra explora la fragilidad humana desde una mirada contemporánea, con una identidad hyper-latina, visceral y profundamente emocional.

