HomePublicacionesArtículosEl arcoíris que desafió al viento y al silencio en Arequipa

El arcoíris que desafió al viento y al silencio en Arequipa

La XVIII edición del pasacalle transformó el Centro Histórico con un mensaje claro que resonó entre aplausos, bailes y debates: "Sin derechos no hay orgullo".

El sonido de los tambores apareció primero. Después llegaron las banderas, los abanicos de colores, los carteles escritos a mano y las primeras consignas que comenzaron a romper la rutina de un sábado cualquiera en Arequipa. El parque Mayta Cápac, acostumbrado al ir y venir de comerciantes y vecinos, cambió por unas horas su paisaje cotidiano para convertirse nuevamente en el punto de partida de la nueva edición de la Marcha del Orgullo LGTBIQ+.

Desde poco después de la una de la tarde comenzaron a reunirse decenas de personas. Algunos terminaban de maquillarse frente a pequeños espejos, otros ajustaban las banderas sobre sus hombros y varios colectivos organizaban las columnas que recorrerían el Centro Histórico. Había parejas jóvenes, familias completas, activistas que llevan años asistiendo a la movilización y también quienes participaban por primera vez.

Mientras el parque se llenaba de colores, los alrededores permanecían cerrados al tránsito. Vallas metálicas, efectivos de la Policía Nacional y personal de Serenazgo resguardaban el inicio de una jornada que, desde hace casi dos décadas, forma parte del calendario de movilizaciones ciudadanas en Arequipa.

Poco a poco comenzaron a sonar los primeros bombos. La música marcó el ritmo de la caminata antes incluso de que los organizadores dieran la señal de partida.

La columna avanzó por la avenida Unión rumbo al Centro Histórico. Luego siguió por San Martín, La Paz, Siglo XX y la plaza España hasta dirigirse hacia la plaza San Francisco. Delante marchaban las grandes banderas multicolores; detrás aparecieron carros alegóricos, agrupaciones de danza y comparsas que transformaron el recorrido en una mezcla de desfile, celebración y manifestación.

El movimiento era constante. Algunos bailaban mientras caminaban. Otros levantaban carteles con mensajes sobre igualdad, respeto y derechos. Las canciones se mezclaban con las consignas que se repetían una y otra vez entre la multitud.

Marcha del Orgullo LGTBIQ+ 2026 Arequipa.

A medida que la marcha ingresaba al centro de la ciudad, también cambiaban las miradas.

Los comerciantes salían de sus tiendas para observar el paso de la movilización. Turistas detenían sus recorridos para fotografiar el desfile. Desde los balcones aparecían curiosos que seguían el avance del colorido grupo. Hubo aplausos, saludos y celulares levantados para registrar el momento. También existieron rostros serios, silencios prolongados y algunas expresiones de desaprobación que recordaban que la diversidad continúa generando debate en una ciudad donde las posturas conservadoras mantienen fuerte presencia.

Aun asi, la marcha nunca perdió el ritmo. Cada cierto tramo volvían los tambores, los bailes y la música. El orgullo seguía avanzando por las calles y a la par la tarde comenzaba lentamente a enfriarse. Y el lema principal seguía asomándose : «Por la vida digna y la unidad en la familia».

Durante los últimos años, los colectivos LGTBIQ+ de Arequipa han impulsado distintas acciones para combatir la discriminación y lograr reconocimiento institucional. Uno de los avances más importantes fue la aprobación de la ordenanza regional contra la discriminación, que incorpora la orientación sexual y la identidad de género entre las categorías protegidas.

A pesar de ello, persisten situaciones de exclusión, discursos de odio y barreras para el ejercicio pleno de derechos, motivo por el cual la marcha continúa realizándose cada año.

La edición de este 2026 también estuvo marcada por el contexto político.

Mientras la columna avanzaba entre música, banderas y consignas, la movilización también cargaba consigo los debates que habían marcado los días previos. La alcaldesa provincial había anunciado inicialmente su participación, pero desistió luego de que diversas asociaciones civiles y colectivos cuestionaran su presencia, argumentando que una autoridad no debía utilizar la marcha como escenario político. La ausencia fue comentada entre algunos asistentes, aunque no alteró el desarrollo de la jornada.

La presencia de la presidenta del Consejo Regional de Arequipa, Norma Ortega, también generó reacciones durante los días previos y posteriores a la movilización. La autoridad regional defendió su participación señalando que había sido invitada por los organizadores y que respetar los derechos humanos de todas las personas forma parte del ejercicio democrático. Reiteró que su presencia respondía a una defensa de los derechos humanos y al compromiso asumido por el Consejo Regional tras la aprobación de la ordenanza que prohíbe la discriminación por orientación sexual e identidad de género en Arequipa.

Paralelamente, colectivos ciudadanos difundieron pronunciamientos en defensa de la igualdad y cuestionaron los discursos que buscan restringir la participación pública de la población LGTBIQ+.

La polémica incluso alcanzó el escenario electoral, luego de que el partido Renovación Popular suspendiera provisionalmente a uno de sus precandidatos regionales tras conocerse su apoyo logístico a la organización de la marcha.

Entre tanto, durante el recorrido esas discusiones quedaron momentáneamente fuera del protagonismo.

Cuando la columna llegó finalmente a la plaza San Francisco, las banderas siguieron ondeando ahora en un cielo oscuro e inmenso.

Poco después, la plaza recuperó lentamente su rutina. Los equipos de sonido se apagaron, los carros alegóricos comenzaron a retirarse y los asistentes emprendieron el camino de regreso.

Sobre el suelo quedaron algunos papeles de colores, restos de serpentinas y huellas de pintura que el viento empezaba a llevarse. Pero las conversaciones que acompañaron la jornada, sobre igualdad, derechos, representación y tolerancia, difícilmente desaparecerían con la misma rapidez.

Porque, como ocurre cada junio, la Marcha del Orgullo terminó cuando el recorrido concluyó, pero el debate que la rodea siguió recorriendo las calles de Arequipa.

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