martes, enero 27, 2026
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Julio C. Tello: el médico que desenterró la identidad del Perú

La historia de Julio C. Tello no empieza en una vitrina de museo, sino en las alturas de Huarochirí, en la sierra de Lima, un 11 de abril de 1880. Fue allí, entre quebradas y leyendas, donde el niño quechuahablante cavó con sus propias manos unos cráneos prehispánicos junto a un científico estadounidense. No lo sabía entonces, pero ese gesto —la tierra removida, el hueso expuesto— sería una premonición.

Décadas más tarde, ese niño sería reconocido como el Padre de la Arqueología Peruana. Pero antes de ello, Tello soñó con sanar, no con excavar. Ingresó a la Escuela de Medicina de San Marcos en el año 1900, impulsado por un deseo claro: “Quería regresar a su natal Huarochirí para poder curar a la población”, explica el profesor Fernando Padilla Deza. No fue una decisión improvisada, Tello había demostrado una aguda vocación por las ciencias del cuerpo humano.

En Lima conoció a Ricardo Palma hijo, quien le presentó a su célebre padre, el autor de las Tradiciones Peruanas. Palma sería una figura clave en su vida: lo ayudó a trabajar en la Biblioteca Nacional, un sitio que, más allá de los libros, le permitió encontrar su verdadero rumbo.

Según cuenta Padilla, fue precisamente mientras limpiaba una estantería en esa biblioteca que Tello redescubrió un texto sobre los cráneos de Huarochirí, aquellos que había ayudado a desenterrar siendo niño. Ese reencuentro con su propia infancia lo empujó hacia un nuevo destino: la arqueología.

No obstante, su camino hacia el conocimiento fue también geográfico. Gracias a una beca, estudió en la Universidad de Harvard, y más tarde, en la Universidad de Cambridge. Desde allí, su visión sobre el Perú se expandió y profundizó. Su tesis médica lo llevó a estudiar restos óseos del Perú antiguo, con énfasis en el estudio sobre el origen de la sífilis. Pero sus hallazgos fueron aún más reveladores: descubrió vestigios de culturas precolombinas que reclamaban una voz que las interpretara y defendiera. 

Esa voz fue la suya. A partir de ese momento, su brújula apuntó al pasado arqueológico del Perú, con hallazgos decisivos como los de la cultura Chavín y Paracas. En 1916, durante una incursión por Paita, Huancabamba y Jaén, recogió evidencias que lo llevaron a una conclusión disruptiva: la cultura andina tenía raíces amazónicas.

Su trabajo no se quedó en el campo. Como profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, dejó un legado institucional: museos, colecciones, documentos, cartas, manuscritos. Allí fundó el primer museo universitario del Perú. También cambió para siempre la idea de qué debía ser un museo.

Hasta entonces, los museos eran espacios destinados a élites ilustradas. Tello rompió esa lógica. “Su propuesta fue todo lo contrario: él buscaba que la gente se pudiera sentir identificada con los logros del pasado, y que el museo fuera un espacio democrático para el disfrute de todos”, afirma Padilla. Así, impulsó el desarrollo del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, ubicado en Pueblo Libre, donde alguna vez vivieron Bolívar y San Martín.

Pero Tello no era solo un sabio de escritorio. También tuvo una activa participación política: en 1917 ingresó a la Cámara de Diputados y se convirtió en un firme defensor acérrimo de los pueblos altoandinos, marginados y discriminados en su época. “Tello fue el más político de todos los arqueólogos que hayan vivido en el país”, sostiene César Astuhuamán, profesor de arqueología de San Marcos. Fue, también, uno de los más audaces. Se enfrentó a los coleccionistas que monopolizaban el patrimonio y logró que se aprueben leyes culturales en favor de la protección del legado ancestral.

Murió en Lima el 3 de junio de 1947, pero dejó en pie una arquitectura de identidad que todavía hoy sostiene el orgullo por lo nuestro. Como apunta Astuhuamán: “Tello nos cuenta la parte más importante de la historia peruana prehispánica y lo hace desde una perspectiva local andina. En eso está la riqueza de su planteamiento”.

Redacción por Germain Soto

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