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Los caminos del Altiplano a un emporio comercial: 50 años de la Feria del Altiplano

Durante medio siglo, generaciones de comerciantes transformaron un mercado ambulante nacido entre viajes y constantes desplazamientos en uno de los principales centros de abasto de Arequipa.

La celebración no se limitó a un solo día. La fiesta empezó mucho antes del día central. A lo largo de más de una semana, la Feria del Altiplano se vistió de fiesta para conmemorar sus Bodas de Oro. Concursos de adornamiento de pasadizos, campeonatos deportivos, actividades gastronómicas, presentaciones artísticas y una gran parada folclórica marcaron los festejos por los 50 años de uno de los centros de abasto más populares de Arequipa.

En aquellos pasadizos donde normalmente circulaban compradores cargando bolsas y comerciantes ofreciendo productos, aparecieron figuras hechas con cartón, tejidos de colores y decoraciones que recordaban la historia y la identidad de cada sección. El concurso de adornamiento de pasadizos, desarrollado en tres etapas los días 8, 15 y 22 de junio, convirtió a la feria en una galería popular construida por las propias manos de sus comerciantes.

El reciclaje dejó de ser una condición del reglamento para convertirse en creatividad pura. Cada corredor contó una historia distinta y el sentido de pertenencia que caracteriza a quienes forman parte de este centro de abastos.

Entre todos los espacios intervenidos destacó el Pasaje 23, con su propuesta «Ciudad Imperial del Cusco», perteneciente a la sección Abacería. Sus adornos le permitieron alcanzar 85.7 puntos y quedarse con el primer lugar del certamen. Detrás quedaron el Pasaje 6 de la sección Frutas con su temática «Valles del Norte y Sur» y el Pasaje 17 de Abarrotes con «Traje de Luces Diablada».

El momento más esperado llegó el 24 de junio, día central del aniversario. Desde tempranas horas de la mañana, los directivos, los comerciantes antiguos y nuevos participaron en el saludo de 21 camaretazos, el izamiento de las banderas de Arequipa, Cusco y Puno y una sesión solemne en la que se recordó la fundación de la Asociación de Comerciantes de la Feria del Altiplano.

Las 14 secciones comerciales recorrieron las calles en una colorida parada folclórica que partió desde la plaza Umachiri a las 10 de la mañana, y un poco más, en Mariano Melgar. Avanzó por la avenida Lima y la calle Elías Aguirre, hasta llegar al frontis del centro comercial.

50 años de aniversario «Feria del Altiplano»

Cada agrupación presentó una danza distinta. La sección Ropas participó con una morenada; Abacerías presentó el Carnaval Pugllay Chucum y también la danza Waka Waka; Carnes interpretó los Tinkus; Abarrotes presentó una diablada; Tiendas Mayoristas participó con morenada; Varios con Los Potolos; Papas con Wititi; Verduras con la danza Patrona Virgen de la Asunción; Golosinas con morenada; Pollos con caporales; Comidas y Refrescos con diablada; Frutas con Huaylas Antiguo de Huancayo; Calzados y Maletines con Kullawada; y Chichasaras con morenada.

El desfile estuvo acompañado por bandas de músicos y cientos de espectadores que se congregaron para observar una celebración que mezcló tradición puneña, identidad arequipeña y orgullo comercial. Las quejas estuvieron, los aplausos también. Los gritos y alegorías rebosaron cada esquina. Como ocurre cada año en las grandes festividades populares, comerciantes improvisados alquilaron sillas a lo largo del recorrido para quienes buscaban una mejor vista del desfile. Las sillas de metal y plástico de 20, 30 y 40 soles no se hicieron esperar, pero como parte de toda rutina ya conocida, se pagaron sin reclamar.

Fueron dos categorías a premiar. En la categoría Trajes de Luces, el primer lugar fue obtenido por la sección Chichasaras con la danza Morenada, alcanzando 82 puntos. El segundo lugar correspondió a Comidas y Refrescos con Diablada, con 80 puntos, mientras que el tercer puesto fue para Abacerías con Waka Waka, con 77.3 puntos.

En Trajes Autóctonos, la sección Carnes obtuvo el primer lugar con la danza Tinkus al sumar 79.6 puntos. El segundo puesto fue para la sección Varios con Los Potolos, con 73.3 puntos, y el tercer lugar para Papas con Wititi, con 72 puntos.

Diablada en pasacalle de 50 años de Feria del Altiplano

Pero detrás de todos estos coloridos trajes, música, pasadizos adornados y demás festividades existe una historia mucho más antigua. Una historia de muchas familias y generaciones que durante décadas lucharon por construir un espacio propio en Arequipa.

Esta historia comenzó en 1976. Por aquel entonces, un grupo de comerciantes, en su mayoría provenientes de Puno, llegó a la tradicional Ciudad Blanca impulsado por la migración y la búsqueda de nuevas oportunidades. Vendían productos básicos como papa, chuño, quinua y carne de cordero, mercancías que transportaban desde el altiplano peruano hasta Arequipa.

No tenían puestos, ni infraestructura, ni un lugar fijo donde trabajar y lo ultimo calaba más.

Cada lunes y martes desplegaban sus productos sobre mantas o improvisadas tarimas. Terminada la jornada comercial, regresaban a sus pueblos para abastecerse nuevamente. Los viajes eran largos. Se realizaban en camiones de carrocería por carreteras polvorientas y, muchas veces, bajo intensas lluvias o bajas temperaturas. La feria nació prácticamente en movimiento.

Su primer punto de venta fue la Quinta Romaña. Ahí vendían los lunes y martes; el resto de la semana se distribuía en ir y venir a Arequipa. Más adelante se trasladó a los alrededores del Estadio Melgar, recinto conocido y que actualmente alberga en sus calles año tras año a diferentes comerciantes. Después ocupó temporalmente espacios en la calle Unión de Miraflores, el parque Mayta Cápac y la calle París de la urbanización Santa Rosa.

La etapa más extensa se desarrolló en Mariano Melgar. Allí permanecieron alrededor de 21 años trabajando en la vía pública, principalmente en la calle Londres y sectores cercanos al actual intercambio vial Bicentenario. Cada traslado significó empezar de nuevo.

Los comerciantes debían adaptarse a nuevas condiciones, enfrentar posibles desalojos y reconstruir constantemente la relación con sus clientes. Pero a la vez también fortalecieron una identidad colectiva basada en el esfuerzo y la solidaridad.

«Cuántas veces fueron ellas de un lugar a otro como gitanos, pero hoy en día estamos aquí, en el seno de Arequipa, en el distrito de Miraflores», recordó durante las celebraciones Esperanza Mary Apaza de Castillo, presidenta del Consejo de Disciplina de la asociación.

El gran cambio llegó en 1997. Esos conocidos años 90. Ante la necesidad de formalizarse y asegurar su permanencia, los comerciantes decidieron adquirir un terreno propio en la calle Elías Aguirre 311, en Miraflores. La decisión marcó un antes y un después en la historia de la organización.

La feria dejó de funcionar únicamente dos días por semana y se convirtió en un mercado permanente. Ya no tenían que ir buscando un nuevo lugar donde vender y continuar con esa cansada monotonía. Con el paso de los años se incorporaron nuevos rubros comerciales. Los que ahora todos ven, ropa, calzado, juguetes, abarrotes, frutas, verduras, productos marinos, artículos eléctricos, pasamanería y diversos servicios.

Frontis «Feria del Altiplano»

Ese pequeño grupo de vendedores ambulantes transformó un espacio en uno de los principales ejes de la economía popular de Arequipa.

Medio siglo después, la Feria del Altiplano reúne a miles de clientes y comerciantes, pero también conserva parte de la herencia cultural de sus fundadores. Esa identidad queda reflejada en cada aniversario mediante pasacalles folclóricos y danzas tradicionales que evocan las raíces puneñas de la asociación. La historia de generaciones enteras que llegaron desde el altiplano con la esperanza de construir un futuro mejor recuerdan este 50 aniversario lo que fue, lo que es y lo que está por venir.

«50 años de vida, 50 años de trabajo, 50 años de lucha, 50 años de esfuerzo desde que nuestros padres vinieron», expresa Esperanza Mary Apaza de Castillo durante la conmemoración.

Construida durante cinco décadas por comerciantes que encontraron en Arequipa un lugar para crecer sin renunciar a sus raíces la Feria del Altiplano es la memoria de miles de viajes desde el altiplano, de madrugadas cargando mercadería y de familias enteras que hicieron del comercio una forma de vida. En cada pasadizo, en cada puesto, en cada historia y en cada puerta siguen latiendo los mismos valores que dieron origen a la feria hace medio siglo, el trabajo y la perseverancia.

50 años de aniversario «Feria del Altiplano»

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