Frente a él no hay ingenieros ni programadores. Hay estudiantes curiosos, visitantes que sonríen al escucharlo responder y personas que, por unos segundos, olvidan que están conversando con una máquina. PabloBot escucha preguntas, procesa información y responde. Sin embargo, para quienes lo desarrollan desde hace años, el robot todavía está lejos de considerarse terminado. Cada interacción representa una oportunidad para mejorarlo. Una respuesta que puede afinarse, una función que puede ampliarse o incluso un cambio en su apariencia para hacerlo más cercano.
El verdadero desafío nunca fue únicamente construir un robot inteligente. El reto era lograr que las personas quisieran acercarse a él. Para entender cómo nació PabloBot hay que retroceder más de una década, cuando la robótica educativa comenzaba a abrirse camino en Arequipa.
«Los kits de Lego educativos solo los podían adquirir instituciones educativas», recuerda Emil Emmanuel Cuadros Zegarra, investigador del Laboratorio de Robótica de la Universidad Católica San Pablo (UCSP), ingeniero en Informática con especialización en Ciencia de la Computación y dedicado al desarrollo de proyectos de robótica e inteligencia artificial.

Mientras observa algunos de los equipos que marcaron los primeros años del laboratorio, explica que aquellos kits hoy parecen tecnologías de otra época. Sin embargo, fueron la herramienta con la que muchos estudiantes tuvieron su primer contacto con la programación, la electrónica y la automatización. Aquellas piezas fueron las primeras semillas.
En 2012, la UCSP consolidó su Laboratorio de Robótica, un espacio donde docentes, investigadores y estudiantes comenzaron a experimentar con tecnologías que aún parecían lejanas para gran parte del país. Lo que empezó con pequeños proyectos educativos fue creciendo poco a poco. Los estudiantes dejaron de ensamblar modelos prediseñados y comenzaron a construir sus propios sistemas, desarrollar circuitos y crear soluciones tecnológicas cada vez más complejas.
Con el paso de los años llegaron las competencias nacionales e internacionales, los proyectos de investigación y las colaboraciones con especialistas de otros países. Pero en medio de ese crecimiento surgió una pregunta que cambiaría el rumbo de varios proyectos: ¿cómo lograr que un robot interactúe de manera natural con las personas?
La respuesta empezó a tomar forma en PabloBot. A diferencia de los robots diseñados para fábricas o procesos industriales, PabloBot fue creado para desenvolverse en entornos sociales. Su propósito no era mover objetos ni automatizar tareas repetitivas, sino conversar, orientar e interactuar con las personas.
«El robot tiene que ser atrayente para que las personas se puedan acercar sin miedo», explica Cuadros.

Por eso, el trabajo no se limitó a desarrollar algoritmos o sistemas de navegación. También implicó pensar en elementos menos visibles para el público, cómo debía comunicarse, qué tipo de voz utilizar, cómo responder a determinadas preguntas y qué características podían hacerlo más amigable. La meta era sencilla de explicar, pero difícil de alcanzar, que las personas olvidaran por un momento que estaban frente a una máquina. Ese proceso continúa hasta hoy.

Próximamente, PabloBot participará en actividades junto a estudiantes en el Museo de la Recoleta. Para el equipo del laboratorio, estos espacios representan una oportunidad para observar cómo reaccionan las personas frente al robot y recoger información que permita seguir perfeccionándolo. Cada conversación aporta nuevos datos. Cada pregunta revela aspectos que pueden mejorarse. Incluso su diseño podría modificarse en el futuro para reforzar aquello que sus desarrolladores consideran fundamental: generar confianza.
Con el tiempo, PabloBot también se convirtió en una plataforma de aprendizaje. Su desarrollo acompañó a distintas generaciones de estudiantes y sirvió de base para proyectos académicos e investigaciones relacionadas con inteligencia artificial, navegación autónoma y robótica social. Detrás de cada actualización existe el trabajo acumulado de estudiantes, docentes e investigadores que encontraron en el robot una oportunidad para explorar nuevas ideas y plantear nuevos desafíos.
Mientras tanto, el Laboratorio de Robótica de la UCSP continúa mirando hacia adelante. Entre sus iniciativas se encuentran nuevos desarrollos vinculados al proyecto Rutas, enfocado en aplicaciones para espacios turísticos y culturales, así como propuestas relacionadas con inteligencia artificial y plataformas robóticas cada vez más avanzadas. Pero, por ahora, PabloBot sigue cumpliendo la tarea para la que fue creado: conversar y aprender de las personas una interacción a la vez.

