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Tres pisos para aprender a hacer teatro y a despedirse

Después de años de creación colectiva, Teatro del Tercer Piso convierte su propia historia en escena con Memoria teatral de un grupo que ensayaba en el tercer piso, una obra testimonial que recorre sus inicios, las dificultades del teatro independiente, las amistades que nacieron entre ensayos.

Tres pisos parecen pocos hasta que uno los baja sabiendo que quizá no volverá a subirlos de la misma manera. Sobre el escenario se despide una etapa: Memoria teatral de un grupo que ensayaba en el tercer piso reconstruye la historia de tres jóvenes que encontraron en el teatro un lugar para crear, resistir y crecer. Esta vez, los protagonistas son ellos mismos, la función comienza como un viaje hacia atrás.

Las luces iluminan los recuerdos y, poco a poco, aparecen Erick Alpaca, Aarón Carrasco y María Alejandra Márquez, conocida por todos como Male Márquez. Entre anécdotas, escenas y confesiones, reconstruyen el camino que dio origen a Teatro del Tercer Piso, un grupo independiente que durante años hizo del teatro mucho más que un escenario, pero la historia empezó mucho antes de que existiera ese nombre.

A los 17 años, Erick Alpaca había quedado en inscribirse a un taller de teatro junto a un amigo. Irían los dos, aprenderían juntos, el día llegó y el amigo nunca apareció, él decidió entrar solo. Sin saberlo, aquel plantón terminó convirtiéndose en el inicio de una historia que cambiaría su vida. Male y Aarón también llegaron al teatro casi por casualidad. Los tres coincidieron en un espacio de formación que, además de enseñarles actuación, les mostró el lado más duro del oficio. Había precariedad, pagos mínimos por temporadas enteras, relaciones marcadas por el abuso de poder y situaciones de acoso que entonces parecían normalizadas. Aquellas experiencias no los alejaron del teatro. Al contrario, despertaron en ellos el deseo de construir un espacio diferente.

Flyer de la obre teatral «Bien Macha», foto obtenida del Facebook de Teatro del Tercer Piso.

Estaba en un tercer piso, sin darse cuenta, el departamento dejó de ser un salón improvisado y se convirtió en una casa. Entonces cuando llegó el momento de buscar un nombre para el grupo, la respuesta estaba justo allí «Teatro del Tercer Piso». Desde ese pequeño espacio comenzaron a levantar obras que hablaban de aquello que les preocupaba. En 2019 estrenaron Bien Macha, una propuesta que abordaba la violencia contra la mujer y cuestionaba conductas que muchas veces pasan desapercibidas porque la sociedad las ha normalizado. Después de cada función organizaban conversatorios. Más de una espectadora se acercó para contar que también había vivido situaciones parecidas. Entonces comprendieron que el teatro podía convertirse en un lugar para escuchar, denunciar y acompañar.

Luego llegó Yawarlla, una obra sobre el conflicto armado interno en el Perú. Parecía que el grupo apenas empezaba a encontrar su ritmo cuando la pandemia obligó a cerrar los teatros, pero el tercer piso nunca desapareció, solo cambió de forma. Los ensayos continuaron por videollamada. Cuando fue posible volver a reunirse, la azotea de la casa de Male se convirtió en escenario. Su habitación funcionó como camerino. Allí siguieron creando, porque el teatro no depende únicamente de una sala, sino de quienes deciden encontrarse para hacerlo posible.

Fragmento fotografico de la obra «El Valle de las Burundangas», foto obtenida del Facebook de Teatro del Tercer Piso.

Con los años llegaron nuevos proyectos y también búsquedas personales. Aarón Carrasco encontró en Valle de las Burundangas una forma de atravesar el duelo por la pérdida de su madre. Mientras tanto, el grupo impulsó talleres de montaje para compartir con nuevas generaciones su manera de entender el teatro independiente. Hasta que llegó esta obra.

Memoria teatral de un grupo que ensayaba en el tercer piso, no es un aniversario ni un homenaje. Es un ejercicio de memoria. Una forma de volver a recorrer el camino antes de tomar rutas distintas, porque, aunque el grupo cierre este capítulo, la historia no termina aquí.

Ellos mismos lo explican sobre el escenario: la familia no siempre está unida por la sangre. A veces nace entre ensayos, camerinos improvisados, funciones con ingreso libre y noches enteras buscando cómo resolver una escena. A veces una familia también cabe en un departamento del tercer piso.

La función avanza entre risas y silencios. El público ríe con las anécdotas de los primeros montajes, guarda silencio cuando aparecen las heridas y vuelve a sonreír al reconocer que, detrás de cada obra, había tres personas intentando descubrir si aquello que hacían realmente valía la pena.

Entonces llega el final, ya no quedan personajes. Solo quedan Erik, Aarón y Male, los tres miran al público, no interpretan a nadie. Se interpretan a sí mismos y pronuncian la última frase de la noche.

«Después de esto nada volverá a ser igual.»

Erick, Aarón y Male, al unisino en escena.

No suena a derrota, tampoco a un adiós definitivo. Cada uno seguirá creando desde otros espacios, pero mientras exista alguien que recuerde que, en un tercer piso cualquiera de Arequipa, tres jóvenes decidieron hacer del teatro un hogar, esa historia seguirá encontrando nuevos escenarios.

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