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Ser influencer también exige responsabilidad ética, advierte estudio sobre creadores de contenido

La investigación concluye que estas figuras digitales pueden fortalecer la participación ciudadana cuando comunican con responsabilidad, pero también contribuir a la propagación de noticias falsas.

Los influencers se han convertido en actores relevantes en la formación de la opinión pública. Aunque su capacidad de influencia no depende únicamente de la cantidad de seguidores que poseen, sino de la confianza que generan en sus audiencias y de la responsabilidad con la que manejan la información. Esa fue una de las principales conclusiones del estudio «Influencers, opinión pública y desarrollo social: entre la sensibilización ciudadana y la desinformación digital». Tema presentado durante el III Congreso Internacional de Investigación y Desarrollo Social, organizado por la Facultad de Psicología, Relaciones Industriales y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA).

La investigación, desarrollada por Franco Daniel Ramos Apaza, Luis Antonio Tintaya Ruelas, Juan Sebastián Mamani Vidalón y Ángela Valeria Pazo Romero, revisó estudios publicados entre 2021 y 2026 en Perú, América Latina y referentes iberoamericanos para analizar el papel que desempeñan los influencers en la opinión pública y el desarrollo social.

El docente e investigador Franco Daniel Ramos recordó los influencers sí tienen un papel en la conducción de la opinión pública, pero no es determinante. Como ejemplo, mencionó a algunos creadores de contenido que apoyaron públicamente a determinados candidatos como Jorge Nieto y César Acuña durante procesos electorales recientes sin lograr modificar los resultados de las elecciones. «No debe confundirse influencia sobre opinión pública con decisión de voto», precisó.

Por otro lado, la investigadora Ángela Valeria Pazo Romero explicó que los influencers han dejado de ser únicamente figuras dedicadas al entretenimiento o la publicidad para convertirse en mediadores de la ciudadanía digital. «El influencer puede actuar como mediador entre una información y un público», sostuvo. Según indicó, esa capacidad les permite traducir temas complejos a un lenguaje más cercano, favoreciendo que más personas accedan a información sobre asuntos públicos.

No obstante, advirtió que ese nuevo rol también exige mayor responsabilidad. «Esto exige mucha responsabilidad ética porque muchas veces estas personas no reconocen los límites de información que pueden tener».

La investigación identificó que los influencers pueden contribuir a instalar temas de interés social. Desde salud mental, violencia de género, medio ambiente, inclusión o derechos humanos, promoviendo campañas que movilicen a la ciudadanía. Incluso durante la pandemia, muchos creadores de contenido difundieron mensajes sobre medidas sanitarias y prevención del COVID-19. A través de esto, ayudaron a replicar prácticas de cuidado entre sus seguidores.

El riesgo de la desinformación

Sin embargo, el estudio también advierte sobre el otro lado del fenómeno, la rápida propagación de información falsa. Las plataformas digitales premian la velocidad y la viralidad por encima de la verificación de los contenidos, lo que facilita la difusión de noticias falsas. De acuerdo con Pazo Romero la desinformación es uno de los principales riesgos de la comunicación digital.

La investigadora explicó que los influencers pueden convertirse en fuentes de desinformación tanto de manera intencional como involuntaria, al compartir información sin verificar previamente su origen. «No sabemos qué información estamos viendo, cuál es verdadera y cuál es falsa», comentó al advertir que incluso noticias falsas sobre personajes públicos logran viralizarse en cuestión de minutos.

Frente a este escenario, los investigadores plantearon que la alfabetización mediática constituye una de las principales herramientas para reducir el impacto de la desinformación. Es necesario formar tanto a las audiencias como a los creadores de contenido en competencias relacionadas con la verificación de información y responsabilidad ética. «No basta con tener alcance; se requiere responsabilidad frente al impacto social que se está provocando», afirmó Pazo Romero.

Cuatro conclusiones

Entre los principales hallazgos del estudio, se concluyó que los influencers ocupan actualmente una posición relevante en la construcción de la opinión pública. No solo por su popularidad, sino por su capacidad para generar cercanía, activar emociones y movilizar comunidades digitales. A su vez pueden convertirse en aliados del desarrollo social cuando visibilizan problemas públicos, traducen información especializada y promueven la participación ciudadana.

No obstante, adviertieron que ese potencial puede convertirse en un riesgo cuando difunden información sin verificar o priorizan la viralidad sobre la responsabilidad social. El verdadero aporte de los influencers al desarrollo social dependerá de su compromiso ético y de la capacidad de las audiencias para analizar críticamente la información que consumen en redes sociales.

Presentación de artículo durante el congreso.

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