¿Qué pasaría si, además de recorrer salas llenas de historia, los visitantes pudieran escuchar las leyendas que durante siglos dieron identidad y misterio a Arequipa? Esa es la propuesta que gira en torno al Museo del Tambo La Cabezona, uno de los espacios patrimoniales más emblemáticos del Centro Histórico, donde el pasado podría contarse no solo a través de objetos, sino también de los relatos que han sobrevivido en la memoria colectiva.
A pocos pasos del puente Bolognesi, una antigua casona de sillar permanece como testigo silencioso del paso del tiempo, uno de los tambos coloniales mejor conservados de Arequipa, un lugar que durante siglos recibió a comerciantes, viajeros y familias que encontraban allí un espacio para descansar antes de continuar su camino.
Hoy, esa misma casona abre sus puertas convertida en museo, su recorrido sorprende por su amplitud. Son más de catorce salas distribuidas en dos niveles que reúnen fotografías antiguas, documentos, libros, herramientas, muebles, armas, prendas de vestir y objetos cotidianos que reconstruyen la vida de los arequipeños de otras épocas. Entre sus piezas más llamativas también se encuentra la colección de frascos de la antigua botica Cosmos, así como cuatro pequeñas esculturas halladas incrustadas en un muro de sillar durante trabajos de restauración, cuyo origen aún despierta interrogantes sobre antiguas creencias populares.

La propuesta de Pablo Nicoli
Para el escritor e investigador arequipeño Pablo Nicoli Segura, el museo todavía tiene espacio para contar otra parte de la historia de la ciudad. La idea parte de una observación sencilla: la historia material de la ciudad ya está presente entre sus muros, pero aún falta dar espacio a su patrimonio inmaterial, ese que ha sobrevivido gracias a la tradición oral y que durante generaciones pasó de abuelos a nietos.
Durante más de cuatro décadas, Nicoli ha investigado y difundido el patrimonio oral de la ciudad, es autor de libros como: «Arequipa y sus misterios«, «Arequipa Fantasmas y leyendas» y «Arequipa fantástica y sobrenatural«, libros dedicados a recopilar e investigar relatos transmitidos de generación en generación sobre apariciones, personajes, sucesos inexplicables y tradiciones populares. En especial, «Arequipa y sus misterios«, publicado hace más de dos décadas, rescata historias que sobrevivieron gracias a quienes las contaron de padres a hijos, de no ser por la tradición oral, podrían haberse perdido con el tiempo.

A partir de esa experiencia, el investigador propone incorporar al Tambo La Cabezona una sala dedicada exclusivamente a las leyendas arequipeñas. La idea es ofrecer una experiencia inmersiva mediante ilustraciones, recreaciones, efectos de sonido, proyecciones y recursos audiovisuales que permitan al visitante adentrarse en los relatos que han acompañado a la ciudad durante siglos.
Leyendas que también son patrimonio
Difícilmente podría existir un lugar más apropiado. A pocos metros del museo se encuentra el puente Bolognesi, protagonista de una de las leyendas más conocidas de Arequipa. La tradición cuenta que, durante algunas noches, una misteriosa sirena aparecía sobre una enorme roca en el río Chili. Su canto, tan hermoso como inquietante, atraía a quienes la escuchaban hasta hacerles perder la voluntad, pero esa sería apenas la primera parada.
El recorrido también podría llevar al visitante hasta las historias del Tuturutu, el silencioso personaje que desde la Plaza de Armas parece vigilar la ciudad. «El Fraile sin cabeza», cuya aparición durante años alimentó el temor de muchos vecinos. La mano de la condenada, uno de los relatos más conocidos del imaginario arequipeño. «El Condenado», obligado a vagar eternamente cargando pesadas cadenas. «La Viuda», cuya presencia anunciaba desgracias, o de los duendes que, según contaban los abuelos, jugaban malas pasadas en los antiguos callejones de la ciudad.

No importa si ocurrieron realmente o no. Lo valioso es que todas estas historias forman parte de la memoria de Arequipa, en ellas sobreviven las creencias, los temores, la imaginación y la manera en que generaciones enteras entendieron aquello que no podían explicar. Son parte del patrimonio cultural inmaterial de la ciudad, una riqueza que no puede conservarse en vitrinas, pero sí mantenerse viva a través de la narración.
Una experiencia inmersiva
La propuesta va más allá de colocar paneles con textos. El escritor imagina un espacio donde ilustraciones, proyecciones, iluminación, sonido ambiental y recursos audiovisuales permitan al visitante «entrar» en cada leyenda. Incluso plantea recorridos nocturnos por los patios y corredores del tambo, donde narradores revivan las historias que durante décadas se contaron en las familias arequipeñas.
En ciudades como Edimburgo, Praga o Ciudad de México, las rutas de leyendas forman parte de la oferta cultural y turística, demostrando que el patrimonio también puede contarse desde la emoción y la experiencia.

Las leyendas no solo hablan de fantasmas o apariciones. Hablan de los temores, las creencias, la imaginación y la manera en que una sociedad construye su identidad. Son parte del patrimonio cultural inmaterial reconocido por la UNESCO como un elemento fundamental para preservar la memoria colectiva de los pueblos, porque una ciudad no solo se construye con hechos y fechas. También vive en las historias que sus habitantes decidieron contar una y otra vez, hasta convertirlas en parte de su identidad.

