Miércoles, Junio 12, 2024
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Maestro para maestros: Entrevista a Jorge Eslava

Eslava tiene más de cien títulos para infancias y juventudes, ha pasado por todos los niveles de educación y posee en su historia la publicación de libros que han marcado generaciones.

Lo había visto el día anterior, para conocerlo mejor. Si es que se puede conocer a alguien en una hora de conferencia. A la mañana siguiente, esperaba con un té en la terraza de su hotel. Polo blanco impoluto, vaqueros y casaca de mezclilla, lentes de sol y tranquilidad. Jorge Eslava ha hecho más entrevistas que libros. Se sabe de principio a fin la cuestión de “Navajas en el Paladar”, sobre sus premios y sus libros más famosos. Pero él no sabe que yo anduve tres años con su libro “Templado” en la mochila durante mi secundaria.

¿Te enorgulleces más de lo que has escrito o lo que has leído?

—Sin duda lo que he leído, me atemoriza lo que me falta por leer. Me inquieta más que lo que me falta por escribir. Hay tanto para leer, es cierta la frase “cuánto más sabe uno, más ignora”. La lectura de un libro es una invitación a muchos otros. Es un buen vecino acompañado de otros vecinos. Hay muchos caminos, no solo leo literatura, sino artes, ciencias sociales, el cine. He sido previsorio, me he anticipado a este periodo de la vejez que tengo bastante lectura por delante en mi biblioteca personal.

La lectura es una actividad diversa, al igual que los lectores. Trabajaste con chicos en situación de calle y estudiantes universitarios. ¿Cómo dos personas en realidades tan distintas pueden acercarse a la lectura?

—Hay muchos tipos de lectores, lector profesor y lector estudiante. Un lector escritor lee más para aprender nuevas técnicas y atajos. Cuando uno produce tiene varias personalidades. A partir de un libro de un escritor arequipeño, “Los Inocentes” de Oswaldo Reynoso, fue un parte aguas. En gran medida “Navajas en el Paladar” es un homenaje a “Los Inocentes”. De alguna manera, es un reciclaje, los adolescentes que aparecen en “Los Inocentes” viven en una Lima que empieza a cambiar a fines de los años 50 e inicios de los 60. En mi libro reaparecen 30 años después, en una Lima delirante y miserable con chicos casi irrecuperables que provienen de hogares destruidos por el Conflicto Armado Interno.

¿Cómo fuiste en el colegio y cómo fueron tus profesores?

—En el colegio no tuve profesores que me hubieran marcado. En mi infancia y adolescencia tuve un gran maestro que fue mi padre, quien poseía una gran biblioteca y era un gran lector. Era severo, un educador a tiempo completo. Soy más resultado de mi padre que de mi colegio. Yo me propuse ser un profesor distinto a los que tuve en el colegio. Los profesores que me marcaron los tuve en San Marcos, una universidad popular, muy pobretona y sumamente politizada. Los profesores que tuve fueron, hermosos seres humanos, solidarios, generosos y con enorme vocación. Ellos alimentaron la construcción del profesor que quise ser.

¿Qué diferencias encuentras entre colegios nacionales, privados y parroquiales?

—Yo no tengo un buen recuerdo de mi colegio católico. Recibí mucho castigo físico, humillación. Tengo recuerdos penosos y algunas pocas gratitudes. En la secundaria no tuve maestros con una personalidad que quisiera reproducir. Más adelante como profesor he podido notar la diferencia, no solo de privado y público, sino de capital y provincia y luego provincia y colegios de zona rural. Incluso dentro del sistema educativo, notaba una diferencia entre profesor de inicial y el profesor de primaria, que mira por sobre el hombro porque se sentía más capacitado. El inicial era un periodo subestimado, una visión maternal donde la docente está ahí para entretener. Cada rango, cada categoría tiene sus desafíos, siempre rindo homenaje a la profesora de inicial, sumamente trabajadora, creativa y con gran paciencia.

Tengo un recuerdo de primaria, en el cual llegan estas bibliotecas de Alfaguara con distintos libros. Entonces debo elegir entre Roald Dahl y Jorge Eslava. En esa ocasión escogí “Florentino”, libro que hoy tengo aquí, recuperado de un vendedor que lo remataba a dos soles.

—Imagínate cómo me enorgullece que sea casi un clásico. En términos futbolísticos, Dahl que es como la selección de los mejores jugadores del mundo con Jorge Eslava, la selección del torneo local. Me pones en una situación difícil, pero me enorgullece. “Florentino, el guardador de secretos” fue la segunda novela infantil que yo escribí. El año 1996, Alfaguara decide inaugurar la publicación de autores nacionales en el Plan Lector. El primero es Alonso Cueto con un libro de cuentos, al año siguiente aparece “La niña de la sombra de colores” que es mi primera novela infantil. Y al año siguiente “Florentino” que es un homenaje a mi viejo. Mi padre se llamaba Jorge Florentino, me pareció eufónico, singular. Mi padre, como te dije, tenía una gran biblioteca, que tenía objetos curiosos, revistas, pinturas. El guardador de secretos es ese lugar misterioso que mi padre guardaba bajo llave.

A los 10 años, que es la edad que recomienda este libro, uno comienza a leer por gusto propio. ¿Cómo asume uno esa responsabilidad?

—Primero respetando el ocio. El ocio no es pernicioso dependiendo cómo se utilice. En estos momentos practicamos deportes, nos dedicamos a nuestros intereses. A los 10 años uno adquiere cierta independencia. Se empiezan a escoger las amistades, los intereses se definen y uno elige sus lecturas. Solo es posible como adulto acertar en los gustos de esa personita cuando estás cerca de ellos. Posiblemente yo no hubiera hecho literatura infantil si no hubiese sido docente. Creo que la conversión de Jorge Eslava como escritor se debe a su tarea desafiante como profesor.

También están las temáticas. El maltrato, la muerte, el amor…

—O el desamor. Un hogar disfuncional, un problema de divorcio. Bueno, yo vengo calificando hace décadas nuestra literatura con la literatura del continente. La nuestra es timorata. Hay poco atrevimiento para tocar temas espinosos que nos presenta la sociedad. Es un tema que muchos colegios evitan tocar. 

Para concluir, una curiosidad: ¿Sigues entrenando para ser arquero?

 —No. Me despedí del arco en diciembre, el 15 exactamente, en un triangular que ganamos. Nos fuimos a los penales, atajé un penal y el gol decisivo lo hice yo. Sigo haciendo deporte, voy al gimnasio, tres veces por semana hago box, así que cuidadito con meterse conmigo.

Escrito por: Carlos “Ambrossio” Alvarez

Instagram: @ambrossiox

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